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100 años del Indigenismo en la literatura peruana

El Indigenismo en la literatura peruana inició en 1920, con la publicación del Libro Cuentos Andinos de Enrique Lopez Albújar.

(Imagen): UCH-Homenaje a Arguedas

Redacción El camino prensa

elcamino@gmail.com

Actualizado el 07/06/2020 a las 19:27

¿Para qué es uno hombre sino para rebelarse?

Es una pregunta que el escritor Enrique López Albújar se formula en el cuento Cómo habla la Coca del libro Cuentos Andinos publicado en 1920. Dicho texto iniciaría la corriente indigenista en la literatura peruana, y con ello, toda una serie de interrogantes acerca de la realidad y ficción de un estrato social mayoritario, pero olvidado en el país.

El Indigenismo como movimiento cultural tiene sus raíces en el México post revolucionario, donde al igual que en el Perú, se desarrolló en distintos aspectos artísticos como la pintura, fotografía, escultura y literatura. Su relevancia en aquel país llegó al punto de convertirse en política de gobierno entre los años 30 y 40, en la que podríamos considerar como la consolidación de las reformas que trajo la revolución, en materia agraria, educativa y cultural, teniendo como punto álgido la creación del Instituto Nacional Indigenista en 1948. Esto logró avances importantes en el conocimiento de los pueblos indígenas, sin embargo, tuvo como principal fin, en sus programas sociales y pedagógicos, mexicanizar al indio, entendiendo esto como volverlo un hispano-mestizo, no tanto el incorporarlo como sujeto social al país sin que pierda los elementos valiosos de su cultura.

Era de esperar que en los demás países hispanoamericanos con alta tasa de población indígena y con familias lingüísticas en menor grado de dispersión, como los casos de Bolivia, Ecuador, Guatemala y Perú; el indigenismo cobraría también relevancia. En el caso peruano, la Literatura fue el campo donde más se llegó a dar frutos, dado el contexto internacional, en que la corriente del cosmopolitismo hacía que muchos escritores tengan una mejor interpretación de sus pueblos, y por el exotismo, que hizo que occidente demandará del conocimiento de otras realidades culturales, según Mariátegui (1928).

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El contexto nacional, también alimentó las ansias de conocer el mundo indígena. Los descubrimientos de Julio César Tello en la Cultura Chavín, en 1919, demostraron que el incanato no había sido una casualidad en la historia del indígena peruano sino el punto culminante de una civilización de miles de años en desarrollo. Las denuncias de la Asociación Pro Indígena dirigida por Dora Mayer y Pedro Zulen revelaron la brutal represión hacia el hombre del campo a comienzos del siglo XX. A ello, se sumaron los análisis y predicciones que formularon Luis E. Valcárcel y José Carlos Mariátegui sobre el problema del indio y su solución; en el caso de este último, vinculándolo inherentemente al problema de la tenencia de la tierra, esto quiere decir, verlo como un problema económico más que étnico-cultural; observando además el enorme potencial de las comunidades indígenas en la conservación de sus relaciones sociales de producción para un proyecto de revolución socialista.

López Albújar, es considerado el iniciador de esta corriente porque si bien su mirada sobre el indio aún mantuvo pre juicios costeños y criollos, tiene el mérito de buscar representarlo como un hombre con cultura y costumbres, no inferior ni mejor que el occidental, sino con sus virtudes y defectos, esto quiere decir presentarlo como un hombre como tal, lo cual significaba el primer paso para la redención de su cultura. Esta visión se alejaría del Realismo paternalista como del Romanticismo exotista que, con excepción de Melgar, ni siquiera se detuvo en recoger la rica producción lírica popular del quechua y otras lenguas. Sin embargo, esta iniciación aún carecería de la crítica denunciante de la situación de postración y explotación en la que se encontraba el indígena, pues al ser el problema indígena principalmente un problema económico-social basado en la propiedad de la tierra, la crítica sería fundamental para el desarrollo del indigenismo.

Es ahí, donde encontramos a sus posteriores representantes: Ciro Alegría, Eleodoro Vargas Vicuña, José María Arguedas, Manual Scorza, entre otros. Que, además de tener la necesidad de representar y describir el mundo indígena, principalmente el andino, será también un indigenismo militante, bien sea en el reformismo radical o en las filas de la revolución socialista.

Su influencia se sentiría tanto en la simbología de un APRA radical como en el programa agrario del Partido Comunista Peruano (PCP) que desde Mariátegui había buscado vincularse con los círculos indigenistas, en la pintura principalmente (la escuela de José Sabogal). Esto se reflejará también a nivel literario, pues como la comunidad campesina, el personaje del militante político de izquierda, irá cobrando relevancia en el proceso narrativo indigenista. Por un lado o el otro, se expresará la crítica social.

“Cada día pa pena del indio, hay menos comunidades. Yo he visto desaparecer a muchas arrebatadas por los gamonales. Se justifican en la ley y el derecho ¡La ley! ¡El derecho! ¿Qué sabemos de eso? Cuando un hacendado habla de derecho es que algo está torcido y si existe ley es solo la que sirve pa fregarnos…” (Alegría, 1941)

En Arguedas y en Scorza se nota más un indigenismo que pasa de la influencia de la literatura mujikista hacia un Realismo social, no solo por la militancia y compromiso político que tuvieron ambos autores, sino porque en sus obras, de la denuncia contra el latifundismo se pasa hacia la narración del choque producido entre el encuentro del hombre andino con la abrupta llegada de la dinámica capitalista. El desenvolvimiento del indio en ese contexto y su potencial para ser agente de cambio, sin perder su cultura, serán un eje central del llamado neo indigenismo.

Si bien el indigenismo fue una literatura de mestizos y no del indígena, es en el caso peruano la búsqueda por encontrar esa parte de su identidad que a fin de cuentas harían definir su nacionalidad frente a occidente. El que nunca se haya configurado como política de gobierno, aun con la parafrasearía demagógica del leguiísmo o del velazquismo, le evitó ensuciarse con los señalamientos de ser una escuela para peruanizar (hispano-mestizo) al indio como sucedió en México. Ello lo dejó como la corriente literaria más crítica y comprometida con los cambios políticos y sociales que la historia del Perú haya registrado hasta la actualidad. La Nueva Narrativa y el Boom hispanoamericano opacaron en algo su relevancia como lo hicieron con el regionalismo, pero jamás negaron que la base de su éxito se gestó en esa etapa literaria que tuvo al indio entre sus temáticas.

La posibilidad de revivir el indigenismo es hoy muy remota, si no es que absurda. Ni el indígena actual opta por calificarse de indio, antes prefiere oír el nombre particular de su etnia. Cada lengua prefiere expresar por si misma su literatura y folclore. El capitalismo atrasado dependiente del imperialismo que caracteriza a nuestra sociedad tiene al racismo como un rezago cultural más que como un pretexto para justificar la dominación de una clase sobre otra; hoy como lo predijo el marxismo, la división de raza se encuentra superada por la división de clase.

Pero hoy precisamente que el sistema capitalista se torna más brutal ahorcando tanto al hombre del campo como al de la urbe, se hace más perentorio que la literatura redefina su curso y pueda direccionarse nuevamente al compromiso de representar, tal vez ya no al indio culturalmente hablando, pero sí a lo que en un momento el indigenismo económica y socialmente trató de representar, al estrato más explotado de la sociedad, que ahora, se encuentran resistiendo la ofensiva estatal y minera transnacional, que en alianza, vienen destruyendo zonas de producción agropecuaria, violando el derecho consuetudinario, la propiedad sobre la tierra y la autodeterminación de los pueblos.

Quien sabe así en un futuro ya no tengamos que seguir protegiendo a los justos de la justicia.

Contribución de la Unión de la Juventud Estudiantil del Perú – UJE del Perú

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