Izquierda
Resistencia popular

Conmemoremos el "Día del Proletariado Internacional"

En homenaje a los Mártires de Chicago, hoy 1°de Mayo, se conmemora el Día Internacional del Proletariado (de la clase trabajadora, que no tiene propiedad sobre los grandes medios de producción, ni sobre capital, solo tiene su fuerza para ganar los medios de vida).

(FOTO): Fup

Redacción El camino prensa

elcamino@gmail.com

Actualizado el 02/05/2020 a las 02:06

“El 1° de Mayo es, en todo el mundo, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx: "Proletarios de todos los países, uníos". En esta fecha caen espontáneamente todas las barreras que diferencian y separan en varios grupos y varias escuelas a la vanguardia proletaria.” (José Carlos Mariátegui, El 1° de Mayo y el Frente Único)

El día del proletariado internacional, 1 de mayo, tiene su origen en la lucha histórica desatada por la conquista de los derechos pertenecientes a quienes han sobrevivido a la explotación de su mano de obra. Día de conmemoración de las muertes y abusos cometidos en la historia en contra de quienes dependen de la oferta de fuerza de trabajo para subsistir. La constante explotación del pueblo ha sido motor de las luchas revolucionarias del mismo para combatir las injusticias cometidas contra ellos. Hoy en día, lamentablemente, vivimos un gran retroceso en la conquista y defensa de dichos derechos que costaron la sangre y dolor de miles de proletarios en el mundo.

BREVE REFERENCIA HISTÓRICA

Se conmemora en homenaje a los Mártires de Chicago, sindicalistas anarquistas asesinados en Estados Unidos por ser partícipes de las jornadas de lucha que tenían como objetivo lograr la jornada laboral de 8 horas, la cual era una exigencia existente desde la primera mitad del siglo XIX, en el contexto de la revolución industrial, caracterizada por jornadas de hasta 18 horas, salarios miserables y condiciones laborales de semiesclavitud. La consigna era: “Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”. El 1 de mayo habría sido el último día en que los trabajadores esperarían a que las grandes industrias asumieran la exigencia; por lo que, iniciaron sus protestas contra aquellas que aún se resistían a ceder ante la exigencia.

La represión de esta lucha fue salvaje, resultando varios trabajadores asesinados, detenidos y heridos. No obstante, tras dichos acontecimientos, las compañías fueron cediendo y fijaron la jornada de trabajo en 8 horas. La conmemoración del 1 de mayo, en homenaje a los Mártires de Chicago y a la lucha desatada, se estableció en 1889 en un encuentro del Congreso Obrero Socialista de París de la Segunda Internacional, declarando el 1 de mayo como el Día del Trabajo. Posteriormente, varios países se sumaron a la fecha y hoy se celebra en casi todo el mundo.

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SITUACIÓN LABORAL NACIONAL

La lucha del proletariado ha generado la existencia del Derecho del Trabajo como mecanismo de protección del trabajador, el mismo que ha sido el instrumento de reconocimiento y base de desarrollo de los derechos que han sido conquistados por la clase proletaria. No obstante, ello viene siendo flexibilizado y desconocido a través de una política laboral antipueblo que solo permite el aprovechamiento de los empresarios. Si bien el Derecho del Trabajo nace para proteger los derechos ya conquistados y desarrollados, con el paso del tiempo se ha venido estatuyendo como un mecanismo para la legitimación de los intereses de la burguesía y de opresión para nuestro pueblo proletario.

La actual crisis mundial que venimos atravesando refleja claramente la necesidad del trabajo y de la protección del pueblo que lucha día a día por mejores condiciones laborales y que suele ser víctima de la indiferencia de los gobernantes fieles a una política flexibilizadora de derechos que apunta a seguir explotando al pueblo para satisfacer a la gran burguesía. Esto se corrobora en las normas que se vienen implementando actualmente, en donde el trabajador paga sus días de aislamiento con su propio trabajo mientras el Estado protege el patrimonio de los privados. Se corrobora con la inexistencia de una verdadera estabilidad laboral, con la creación de regímenes especiales que disminuyen los derechos que deberían corresponder a cada trabajador, con la desprotección evidente de los derechos colectivos de los trabajadores como la sindicación, la negociación colectiva y la huelga, y con la inexistencia de un sistema de fiscalización que garantice que no se cometan abusos.

Ya es común que las normas en materia laboral sean emitidas para desconocer derechos o relativizar principios laborales, justificando la flexibilización en una normativa dispersa y en normas poco claras o ambiguas que son usadas por la burguesía para dejar sin vigencia los derechos de los trabajadores. La ausencia de un sistema judicial efectivo, al cual solo accede quien tiene tiempo y dinero para pagar por un proceso de reclamo es una muestra más de que el trabajador es cada vez más explotado a través de un discurso hipócrita erigido por el Estado y de algunos especialistas que se caracterizan por ser falsos defensores de los derechos constitucionales del trabajador, los que se hacen de la vista gorda cuando se implementan nuevas políticas de explotación.

Es el sistema capitalista actual, que se basa en la política salvaje de aprovechamiento de los recursos naturales y de la explotación cada vez más aguda de la mano de obra, el que fundamenta esta situación y continúa develando las grandes contradicciones del sistema, el cual es sostenido por el trabajo del pueblo, al cual se le niega el acceso a aquello que él mismo produce. El abaratamiento de la mano de obra es solo resultado de la búsqueda constante de la disminución de costos de las grandes empresas que bajo la falsa premisa de “generar empleo” precarizan cada vez más las condiciones laborales.

RETOS PARA LA DEFENSA DE LA CLASE PROLETARIA BAJO LA LÍNEA DEL PUEBLO

Ha sido la lucha constante del pueblo la que ha permitido la conquista de sus derechos, la que ha posibilitado que le sean reconocidos sus derechos como seres humanos y trabajadores. Ante ello, queda la imperiosa tarea de comprender cuál ha sido el avance y retroceso de la clase proletaria para reemprenderla con mayor vigor y construir el gran movimiento que no se reduce a la conquista de derechos laborales, sino a garantizar la ruptura del status quo que se basa en el abuso de los dueños de los medios de producción y el sufrimiento y despojo del trabajador de su propia producción.

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Las masacres y abusos han sido parte de la historia del proletariado, así como la concreción de la revolución la bandera que unifica a las grandes masas trabajadoras oprimidas, pero que, organizadas, deben asumir el gran reto de constituirse bajo lo que anunciaba Mariátegui, el Frente Único del pueblo para luchar por la caída de un sistema salvaje, explotador y asesino. La defensa de la reducción de la jornada laboral, del incremento de salarios y de mejores condiciones laborales es parte inicial de una lucha que debe continuar siendo unificada y centralizada en función a los intereses de nuestro pueblo trabajador.

Hoy conmemoramos un 1 de mayo más, debiendo recordar cada lucha y debiendo combatir cada problema que el sistema capitalista liberal viene poniendo en nuestro camino. Unifiquemos para organizar. La verdadera justicia social la hace el pueblo con su práctica, sobre la base de organización y programa. La hace cuando la solidaridad de clase se penetra en las almas de cada miembro de nuestro pueblo, para dejar de ser solo uno y convertirse en parte de aquella masa que sigue generando condiciones para levantarse y acabar con la explotación capitalista.

La situación de desventaja del trabajador frente al empleador no impide que este primero deba cuestionar y luchar. La unidad fortalece, la firmeza y disciplina nos mantienen en el camino. Sigamos luchando, transformando y alzando nuestras voces. El sufrimiento del proletariado por el reconocimiento de sus derechos nos ha demostrado que los derechos se arrancan con acciones concretas y firmes por la liberación de sus cadenas. Desde despidos arbitrarios y nulos impunes hasta despidos masivos camuflados bajo contratos a plazo fijo, desde trabajadores que asumen actividades sumamente riesgosas que pueden dejarlos sin vida o afectar gravemente su salud hasta un sistema de seguridad social nefasto que no responde ante el conjunto de riesgos sociales a los que constantemente se expone el ciudadano trabajador. Eso nos deja este sistema.

Y finalmente, la dichosa suspensión perfecta de labores que venimos atravesando en la que las empresas tienen autorización para dejar sin sustento alguno al trabajador en una de las peores crisis que debe atravesar. Aquella que surte efectos con su sola comunicación al Ministerio de Trabajo, que podrá ser aprobada si la Administración no responde dentro del plazo, que será fiscalizada solo hasta el 20% de todos los casos (mínimo que, sabemos, será lo máximo a lo que llegará nuestro precario sistema de fiscalización laboral) y dejará impune a miles de empresas que tienen los recursos para mantener a sus trabajadores, pero que simplemente no desean pagar porque no pretenden disminuir sus ganancias antes generadas. Aquella que ha sido pésimamente regulada y que traslada el riesgo totalmente a los trabajadores. Esa que nos muestra una vez más a quién beneficia el Estado y quién sostiene nuestra sociedad.

Médicos y policías muertos y contagiados que deben permanecer sumisos ante las posibles represalias de los medios de prensa y del Estado. Aún hay mucho por hacer. Reflexionemos para transformar, para acabar con la miseria de un país que se pone de rodillas ante los grandes empresarios y lapida a sus trabajadores y al pueblo que no tiene qué comer ni cómo cuidar su salud. Y saludemos a cada hombre trabajador de nuestro pueblo que sigue en pie de lucha dando su vida cada hora por sacar adelante al país.

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