Izquierda
Resistencia popular

La juventud y su papel en la historia

Sin la juventud no podrá triunfar ningún cambio profundo y radical en nuestro país. Sería del todo imposible el progreso sin la disconformidad y el espíritu rebelde de los jóvenes que hacen reverdecer la esperanza cuando todo parece marchitarse. ¿Qué deben saber los jóvenes de hoy?

(Foto): Luis Javier Maguiña

Redacción El camino prensa

elcamino@gmail.com

Actualizado el 04/10/2020 a las 15:00

Por: Ciro Colque C.

"Uno de los mayores males y calamidades que nos ha dejado en herencia la antigua sociedad capitalista, es un completo divorcio entre el libro y la vida práctica, pues teníamos libros en los que todo estaba expuesto en forma perfecta, pero en la mayoría de los casos no eran sino una repugnante e hipócrita mentira, que nos pintaba un cuadro falso de la sociedad capitalista." V.I. Lenin (1930).

La escena que representa esta cita es, en primer lugar, la necesidad del estudio de las contradicciones que aquejan a nuestra sociedad, así como de las relaciones sociales que de ella emergen en nuestra época, sabiendo reconocer a ambos tal y como son, para nombrarlos sin medias tintas y sin miedo al error. Tal como se hizo 100 años atrás en manos de estudiantes universitarios que irrumpieron contra la 'vieja' universidad, declarando en el Manifiesto Liminar de Córdoba (1917): "Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen.".

En segundo término, nos enseña que es la investigación de la práctica social misma, a partir de las condiciones materiales de la vida individual y de la vida en sociedad [o en comunidad], la que desnuda ese velo que cubre y opaca nuestros sentidos o bien se superpone a los prejuicios y tantas frases bonitas de forma pero falsas en el fondo.

En cuanto al papel de investigar, Carlos Marx decía: "La manera cómo se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría." Si esto no fuera así, no tendrían sentido los encuentros, conferencias, congresos o cualquier otro espacio de debate académico, cultural, político, etc. que se organizan preferentemente por los hijos del pueblo -jóvenes-, para desentrañar mitos o contrastar lo que dicta el sentido común. Tampoco sería comprensible que en su gran mayoría la juventud se empeñe en prepararse técnica o profesionalmente, antes de ingresar a trabajar -no siempre esto es así, pues hay jóvenes forzados a trabajar sin siquiera terminar la educación básica. Más ejemplos podría darse, pero lo cierto es que la juventud está inexorablemente ligada a la tarea de investigar su entorno y contexto que le tocó vivir.

tocandosiku (Foto): Luis Javier Maguiña

Pero la investigación no solo es de carácter social por la naturaleza de lo que se estudia y quién lo estudia, lo es también por el para qué se estudia. Constituyendo, en ese orden, una actividad estratégica de la humanidad, en tanto que precisa de un estudio concienzudo, científico y dialéctico de la realidad existente, con el fin último de transformarla; es decir, se investiga con la premisa fundamental de intervenir y cambiar el estado de cosas actual -no ya para contemplar u observar las cosas. Ha de ser fundamental que los jóvenes comprendan esto a cabalidad, para que la producción de nuevos conocimientos en las aulas universitarias o fuera de estas, no contribuyan a perpetuar o justificar el atraso, la miseria, la explotación, causando recrudecimiento de la situación socioeconómica del pueblo en general o en sectores específicos de este.

Por tanto, no se estudia ni se investiga solo para conocer un hecho, fenómeno o proceso en sí mismo, o para aumentar nuestro bagaje en cuanto a los problemas específicos de las ciencias y disciplinas que optamos seguir. Decimos más bien, que, si se estudia una parte de la realidad o su totalidad, es ante todo, para cumplir con el papel histórico y universal dado a los hombres, que es transformar el mundo que lo rodea y al mismo tiempo, su propia consciencia; con la inevitable consecuencia, de elevar el grado de desarrollo y dominio de las fuerzas productivas y de modificar el curso de la historia hacia un estadio superior de la sociedad presente. Esta consecuencia, no es inalcanzable por más que sea una obra de siglos, tampoco es una utopía y mucho menos una farsa, como nos intentan hacer creer los 'dueños' del mundo de los países imperialistas o 'los doce apóstoles de la economía peruana' (Francisco Durand, 2017), es una necesidad histórica y responsabilidad que recae en mayor medida sobre el hombro de los jóvenes, quienes al integrarse al aparato productivo en sus respectivos países, son la más nueva y renovadora fuerza de la clase trabajadora y de la intelectualidad. Los jóvenes, por esta condición social y por el ímpetu de cambiarlo todo, no necesariamente por la edad o rasgos que de este deriven, son los sujetos llamados a ser más revolucionarios que cualquier otro.

No solo ya tiene el deber -la juventud- de oponerse a la vieja sociedad o de teorizar abstractamente los 'males y calamidades' que heredó de las anteriores generaciones, sino que primordialmente debe ser la fuente de creación de nuevas condiciones y mejores alternativas que sirvan a la noble causa de superar la sociedad capitalista. La tarea de la juventud, es por consiguiente, una vez que toma consciencia de su papel en la historia y del valor agregado que tiene el estudio en él, luchar a lado de las filas de los oprimidos y explotados que hoy por hoy no se han rendido y de aquellos intelectuales que no han cedido ante las fauces de las doctrinas del liberalismo, para que sumando fuerzas y aprovechando los instrumentos de lucha del pasado más la potencia y aliento renovador de los jóvenes, se conquiste y desarrolle las bases de una sociedad libre de explotación. No obstante, para el advenimiento de un cambio social a impulso de los jóvenes, será decisivo que primero adquieran compromiso político con el progreso de su país, evitando incurrir en prácticas comunes como el espontaneismo, el caudillismo o bien ser furgón de cola.

Decimos, asimismo que, sin la juventud no podrá triunfar ningún cambio profundo y radical en nuestro país, es por eso que la población juvenil debe poner sus esfuerzos y atención a las convocatorias y tareas que ponen en marcha las organizaciones más avanzados del pueblo, sin dejar de lado o disminuir las actividades que desempeñan por las características del movimiento, grupo o colectivo al que pertenece. Ser joven, como nos consta, no es óbice para poder organizarse y hacer valer por sí mismo sus derechos y demandas, pero si se trata de vencer a un enemigo en común es obligatorio que los jóvenes se integren y unan en un frente único de lucha. Por esa razón, estamos en contra de que la juventud, sea considerada como carne de cañón o usados como conejillos de india por su poca experiencia; y estamos de acuerdo con que los jóvenes en el seno del movimiento popular sean igualmente respetados y valorados por su trabajo, iniciativa, disciplina y constancia, como cualquier otro compañero que está aprendiendo y desarrollándose con las tareas de la organización.

Si no se toman en cuenta estas condiciones, tanto en el estudio como en la práctica social de los jóvenes, toda propuesta de cambio ante los problemas concretos y las ataduras que aún nos faltan romper, o incluso la idea de "revolución" dictada más por emoción que por ser una necesidad, será una ilusión que figure en el papel y en las mentes de la llamada comunidad científica o la intelectualidad, o en su defecto serán tergiversadas, olvidadas y desechadas por ese puñado de hombres que protegen sus privilegios y detentan el poder político, defendiendo las relaciones de opresión y dominación impuestas a lo largo de estos casi 200 años de vida republicana, fácilmente sostenidas [estas relaciones] por la putrefacta democracia burguesa y la clase de partidos políticos como gobernantes que en su gran mayoría hemos tenido; pero jamás servirá, frente al problema nacional, a la liberación política, económica y social de nuestro país.

La juventud de hoy ya lucha por un Perú para los peruanos, pero esto no ha de ser suficiente, merece adueñarse firmemente de la idea de que un mundo nuevo es posible.

“La juventud, nosotros, más que esperanza, somos 'la acción de hoy' para un mañana mejor.”

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