Izquierda
Covid-19

La privatización del sistema de salud pública es una crisis preexistente al coronavirus

El Ministro de Salud anunció que se implementarán 3 nuevas medidas para enfrentar el avance del COVID 2019.

(Foto) Andina-Presidencia de la Republica

Redacción El camino prensa

elcamino@gmail.com

Actualizado el 24/03/2020 a las 17:36

La pandemia del COVID-19 continúa en aumento, registrándose 395 infectados y 5 fallecidos hasta el lunes 23 de marzo. A una semana de la declaración de la cuarentena, en Latinoamérica ocupamos el cuarto lugar de casos contagiados, después de Brasil (con la mayor tasa: 1891 infectados), Ecuador y Chile.



El titular del MINSA, ante este incremento, aseveró ante cámaras que priorizará la protección al personal de salud y el control y respuesta ante el COVID-19 del siguiente modo: En primer lugar, "tenemos que proteger a nuestros profesionales", para lo cual "vamos a acelerar la entrega del equipo de protección personal. Cuidar a los que nos cuidan en todo el país". Como segunda medida, enfatizó que "para contener la epidemia, es necesario mejorar la capacidad de diagnóstico y respuesta," se dará un salto tecnológico para atender unas 80 mil llamadas efectivas diarias de las personas que requieran una atención de salud y también "vamos a implementar la teleconsulta"”. El tercer paso, consistirá en "ampliar masivamente la toma de muestras en la población y aplicar un método de diagnóstico apropiado para las situaciones actuales".



Su declaración fue lo bastante convincente, y desde luego que hay que saludarlo; sin embargo, su solución no es completa ni está libre de ser objeto de críticas. ¿No pudo el personal médico tener óptimas condiciones de cuidado si hubiera contado con los implementos de seguridad desde mucho antes (o al menos, desde hace un par de semanas, cuando se declaró la emergencia sanitaria)? ¿Es válido hablar de un supuesto control de la pandemia cuando se genera su propagación entre los mismos pacientes y médicos, como los médicos de Trujillo que tienen como única protección bolsas negras de basura? ¿Acaso está olvidando que hubo pacientes atendidos en un almacén, porque en cierta localidad arequipeña no se cuenta con centros de salud equipados? ¿Es real el objetivo planteado por el Ejecutivo ante su omisión de dar lo necesario al personal médico, o es solo parte de un doble discurso?

Frente a las contradicciones particulares, sobretodo resaltante, es preciso hacer hincapié sobre un asunto extrañamente evadido: ¿Cuál es la causa objetiva de este crítico problema de salud en el Perú? Por ahora, la contestaré con una afirmación en negativo. El coronavirus no es el causante, tampoco lo son los otros problemas de salud o condiciones adversas que desafían cada año el sistema peruano de salud (dengue, ERA, IRA, ETS, anemia, etc.). Los problemas de salud que nos aquejan frecuentemente no son la causa de que el sistema de salud pública se encuentre tan mal.

Analizando las medidas dictadas por el ministro, quizás hallemos varias respuestas. Veamos, ¿qué contiene su discurso? Frases alentadoras y promesas que se escuchan con más eco en elecciones; ya que, informa que “vamos a hacer llegar", “vamos a implementar", "se cuidará a los que nos cuidan". Todo es en futuro, porque ahora mismo se carece de lo necesario (no solo es escasez, es que no hay nada) o no se puede garantizar inmediatamente. En conclusión, su información es incierta frente a una realidad cierta de gente que se contagia, enferma y muere; no solo de coronavirus (COVID-19). El mundo conoce de la existencia del coronavirus desde hace casi 3 meses, el 25 de febrero se detectó la primera persona con Coronavirus en Latinoamérica (Brasil), y el primer caso confirmado aquí ya lleva más de 2 semanas. Sucesos igualmente ciertos. Pero, entonces, ¿esto es así solamente ahora?, ¿en esta época de crisis de salud mundial? La respuesta es un desalentador NO.

El Estado ha dejado la salud en un peldaño que, si no está al último, es porque la educación pública le disputa ese lugar. Cuántos hospitales colapsando, cuántas ambulancias malogradas, cuántos médicos cumpliendo tarea de mil-oficios en zonas rurales, o cuántas medicinas recetadas no son proveídas al pueblo, etc. Quizá cualquier respuesta sea arbitraria, pero se sintetiza en la inexistencia de un sistema de salud pública integral, universal y preventiva.

La salud le importa casi nada al Estado, ha sido siempre así y nos hemos mal acostumbrado a aceptar sus pésimas condiciones. Pudimos quejarnos, pero no lo hicimos; a regañadientes aceptamos largas "colas de amanecida" en la puerta de una posta médica u hospital, para ser atendidos o simplemente recibir la amarga noticia de un "vuelva tal o cuál día". Los médicos sí protestaron, pero el Estado hizo caso omiso a sus exigencias - como sucede siempre. Todo siguió igual, sin importar cuántas elecciones se convoquen y presidentes elijamos. Esto no acabaría bien, el Estado necesitaba un salvavidas. Muchos crímenes -no meras deficiencias- de salud pública más la insatisfacción generalizada, tejieron el hilo para que el sector privado se interese por invertir en salud a fin de lucrar. A este proceso se denomina privatización, su principio es la mercantilización y no le importa si fragmenta el(los) sistemas(s) de salud.

Con todo esto, si la salud pública en el Perú tiende a su privatización, no es precisamente porque haya mejores servicios de atención privada como las clínicas o gente capaz de costearlos directamente; sino que el Estado peruano, regido por el modelo capitalista y dependiente de la inversión privada -principalmente las APP-, ha decidido no invertir lo suficiente para revertir las pésimas condiciones del sistema de salud pública, ya sea, para equipar los centros de salud y/o formar profesionales de alto nivel. Por el contrario, su política consistió en reducir el gasto público (cuando debería ser mayor para garantizar el derecho del pueblo a acceder a la salud) y limitar sus funciones, con un sector público cada día más desprestigiado por corrupción, ineficiencia y atención sin garantías; en el sector salud esto favoreció a los privados y amplió su participación para financiar, gestionar y proveer atención médica.

No hay otra explicación lógica posible, para entender la crisis del sistema de salud peruano, que la irresponsabilidad de los gobiernos de turno y el carácter capitalista del Estado. Tal como el neoliberalismo se clavó en las entrañas del Perú durante décadas, con gobernantes que no lo frenaron nunca, la privatización en el sector salud avanzó hasta resquebrajar el sector público y arrastrarlo a una crisis que estamos viviendo. Un sistema de salud incapaz que culpa la negligencia de la población, pero olvida la crisis interna que lleva por varias décadas.

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